EDICIÓN #533

NOTA EDITORIAL

EL VUELO ETERNO DE UNA LUZ

En el ejercicio de mi responsabilidad como CEO de la revista, he procurado siempre dirigirme a ustedes con visión, propósito y compromiso institucional.

Sin embargo, en esta ocasión me permito hacerlo desde una dimensión más íntima como padre. 

Mi hija fue, desde el primer día, una fuerza luminosa para nuestro medio de comunicación. Su vida —aunque más breve de lo que hubiéramos imaginado— estuvo llena de alegría auténtica, valentía silenciosa y un amor inmenso por la libertad. Amaba el turismo, el aire puro y la playa, espacios donde encontraba serenidad y plenitud, donde su espíritu parecía expandirse sin límites.

El cáncer fue un adversario prematuro e implacable. Pero si algo dejó claro durante cada etapa de su lucha, fue que la enfermedad no define a la persona. Nunca permitió que le arrebatara su sonrisa, su ternura ni su capacidad de inspirar a quienes la rodeábamos. Nos enseñó, incluso en los días más difíciles, que la vida no se mide en tiempo, sino en intensidad, en amor compartido y en la huella que dejamos en otros.

Hoy sentimos una ausencia imposible de describir. Hay un silencio distinto en nuestra familia y en nuestros corazones. Sin embargo, su recuerdo se ha convertido en nuestra mayor bendición. Nos queda su ejemplo de coraje, su risa clara, su manera de abrazar la vida aun cuando sabía que el camino era incierto.

Quiero expresar, en nombre de mi familia, mi más sincero agradecimiento a todos quienes se han hecho presentes con sus notas de pesar, mensajes, flores y gestos de acompañamiento. Cada palabra ha sido un aliciente real; cada abrazo, un sostén en medio del dolor. En momentos como este, comprendemos el verdadero valor de la comunidad, de la empatía y de la solidaridad. 

Honramos su vida comprometiéndonos a vivir con la misma autenticidad con la que ella vivió. A mirar el cielo con esperanza. A sentir el viento como una caricia. A no postergar el amor.

Mi hija partió, pero su luz permanece. Y mientras haya memoria y gratitud, su vuelo seguirá siendo eterno.

Carolina Alexandra Suconota Torres


Raúl Suconota Guevara y familia.


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